Signos en acción


Para el filósofo, lógico y científico estadounidense Charles Sanders Peirce (1839-1914), considerado el fundador del pragmatismo y el padre de la semiótica moderna, lo fundamental no son los signos, sino las funciones de los signos y la manera en que se relacionan entre sí, la forma en que adquieren significado, la semiosis; es decir, “el proceso en el que algo se torna signo para un organismo.”[1] Donde se entiende por signo cualquier objeto o acontecimiento que evoque otro objeto o hecho.

Por lo tanto, para Peirce, la semiosis es una acción. Esto permite relacionar el proceso semiósico con la acción pragmática. Esta acción comprende de tres elementos: un signo, su objeto y su interpretante. Además, este proceso es un proceso social, ocurre sólo entre individuos en su relación con otros individuos y con su entorno, para dotar de sentido y de significado toda experiencia vital.

Recapitulando, para Peirce, la semiosis es el proceso mediante el cual algo se vuelve signo o representamen, e involucra la cooperación de tres elementos: el signo, su objeto y su interpretante; y la semiótica es el estudio teórico de ese proceso. Es importante señalar que el signo (representamen), su objeto y su interpretante describen relaciones o funciones, no objetos. Esta característica hace muy dinámico el proceso semiósico, ya que el interpretante en una semiosis se convertirá en el signo en otra.

En sus Collected Papers, Peirce señala:

Representación es el carácter de una cosa, en virtud del cual, para producir cierto efecto mental, puede colocarse en lugar de otra. La cosa que posee este carácter recibe el nombre de representamen, el efecto mental o pensamiento es su interpretante y la cosa que representa es su objeto.[2]

En un cuadro más detallado, se pueden establecer nueve tipos de relación o función:

Representamen Cualisigno Sinsigno Legisigno
Objeto Icono Índice Símbolo
Interpretante Rema Dicisigno Argumento

Peirce pone énfasis en que un signo lo es en tanto que tenga una función clara en una semiosis, y que puede cambiar y de hecho cambia según la función que reconozcamos en él.

La primera etapa en el pensamiento de Peirce

En su artículo “Cuestiones concernientes a ciertas facultades del hombre” (“Questions Concerning Certain Faculties Claimed for Man”), publicado en 1868, Peirce se plantea siete preguntas; entre ellas, la más importante, según Jesús Elizondo es si podemos pensar sin signos. Peirce responde que el único pensamiento que puede ser conocido es pensado en signos.[3]

Este artículo fue escrito como una crítica al cartesianismo, y de él se desprenden cuatro negaciones: “1.- No tenemos poder —o capacidad— de introspección. Pero todo conocimiento del mundo interno es derivado por razonamiento hipotético de nuestro conocimiento de los hechos externos. 2.- No tenemos poder de intuición. Pero cada conocimiento es determinado lógicamente por conocimientos previos. 3.- No tenemos capacidad para pensar sin signos. 4.- No tenemos una concepción de lo absolutamente incognoscible”.[4]

La segunda etapa en el pensamiento de Peirce

Elizondo considera que el pragmatismo norteamericano se basa en dos artículos que Peirce publicó en 1878 y 1879 en la revista Monist: “La fijación de la creencia” (“The Fixation of Belief”) y “Cómo esclarecer nuestras ideas” (“How to Make Our Ideas Clear”).[5]

En el primer artículo Peirce propone que la función del pensamiento es establecer una creencia, y que las creencias orientan nuestras acciones. En otras palabras, “toda la función del pensamiento es la de producir hábitos de acción”.[6] Ahora bien, la manera en que se fijan las creencias es un asunto colectivo, no individual. De hecho, la evolución de los procesos sociales, va en contra de las creencias individuales. En palabras del propio Peirce:

A menos que nos transformemos en eremitas, nos influimos necesariamente en las opiniones unos a otros, de manera que el problema se transforma en cómo fijar la creencia, no meramente en el individuo, sino en la comunidad.[7]

Uno de los métodos mediante los cuales se han fijado las creencias desde tiempos remotos es el de la autoridad. Este método ha servido para mantener las doctrinas políticas y religiosas y preservar su carácter universal. Otro de los métodos es el llamado método científico, el único que presenta una distinción entre una vía correcta y otra errónea. Los otros dos métodos para fijar las creencias, según Peirce, son el de la tenacidad y el método a priori.

En “Cómo esclarecer nuestras ideas” Peirce sienta las bases del pragmatismo al proponer como máxima que la función del pensamiento es la producción de creencia. A su vez, la característica esencial de las creencias es establecer un modo de acción, un hábito. Y diferentes creencias se distinguen entre sí por los distintos modos de acción que producen. [8] Sin embargo, Peirce hace hincapié en que esta máxima no ha de ser considerada de manera individual, sino colectiva.

La tercera etapa en el pensamiento de Peirce

En sus escritos posteriores a 1904, Peirce propone su teoría de la semiosis, o del signo-acción, y menciona por primera vez la semiótica. Al argumentar sobre el pragmatismo, propone que cada pensamiento es un signo. La acción del signo requiere de un interpretante del proceso semiótico. Peirce propone entonces el término interpretante del signo: “el interpretante de un signo es todo aquello que es explícito en el signo a parte de su contexto y circunstancias”.[9] Más adelante señala que un signo puede tener tres tipos de interpretantes: afectivo, energético y lógico.

Respecto de la semiosis, Peirce define lo que entiende por semiosis, una semiosis triádica, y la distingue de la semiosis diádica: “Peirce entiende la semiosis como una acción, o influencia que involucra la cooperación de tres elementos; un signo su objeto y su interpretante”.

Elizondo destaca que los conceptos de semiótica y de semiosis aparezcan en el texto sobre el pragmatismo, de donde concluye que están interrelacionados. Peirce mismo en sus escritos se considera un pionero de lo que llama semiótica, es decir, “la doctrina de la naturaleza esencial y fundamental de las variedades de semiosis”.[10]

La semiótica entonces se convierte en un sistema dinámico para clasificar los signos. Sin embargo, advierte Elizondo, la teoría de Peirce es sólo el punto de partida: analizar los procesos semiósicos requiere de nuevos estudios que enriquezcan la semiótica con nuevas perspectivas.


[1] Elizondo Martínez, Jesús O., Signo en acción. El origen común de la semiótica y el pragmatismo, Universidad Iberoamericana, México, 2006, pág. 24.

[2] En Elizondo Martínez, op. cit., pág. 37.

[3] En Elizondo Martínez, Jesús O., op. cit., págs. 67 y 68.

[4] Elizondo Martínez, Jesús O., op. cit., págs. 71 y 72.

[5] Ibíd., pág. 81.

[6] Ibíd., pág. 92.

[7] En Elizondo Martínez, Jesús O., op. cit., pág. 88.

[8] Ibíd., pág. 95.

[9] Ibíd., pág. 109.

[10] Ibíd., pág. 113.

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